Es muy común cuando alguien está pasando por un momento complicado en su vida, una noche oscura del alma (como decía San Juan de la Cruz), escucharle decir “me siento perdido, me siento perdida”, pero ¿Qué significa exactamente estar perdido/perdida?

Cuando tenemos la sensación de estar perdidos es porque nos hemos distanciado de nosotros mismos, cuando estás contigo, estás en el aquí y el ahora no hay perdida posible.

Esa sensación de estar emocionalmente perdidos puede producirnos una crisis de ansiedad e incluso un trato agresivo hacia nosotros mismo o hacia los que nos rodean. Se suele expresar como una sensación de no encontrar su lugar en el mundo o de sentirse diferentes al resto y por consiguiente se asocia a estados de soledad no buscada.

Detrás de una persona que se siente perdida siempre hay una historia no escuchada, relegada a la sombra y escondida de ella misma y de los que la rodean, puede ser consecuencia de la pérdida de un ser querido, una separación, de una excesiva exigencia hacia sí misma, insatisfacción en el ámbito laboral e incluso algún trauma o carencia en la infancia

Cuando una persona se siente perdida, vacía, tiende a querer llenar ese vacío emocional con algo material, alcohol, drogas, sexo, consumo compulsivo, etc. Ni que decir tiene que lejos de solucionar su vacío provocará daños mayores y en algunas ocasiones irreparables.

Aunque cuando estamos en esa situación de desamparo, cercana a la depresión, nos parece imposible salir de ella, sabemos que no es cierto, no sólo podemos volver a sentirnos plenos, sino que podemos llegar a ver en el vacío existencial una oportunidad de crecer y llegar a ser mejores de lo que éramos antes de sentirlo.

A continuación, os comparto, desde mi experiencia, los pasos a seguir para poner fin a ese sentimiento de vacío.

  1. Admítelo, admitirlo es el primer paso hacia la aceptación y también te va a impulsar a pedir ayuda, puedes hacerlo solo, aunque te llevará más tiempo y es posible que tengas más recaídas, dejarse acompañar es una un paso que cuesta dar, sé valiente y acepta la ayuda. busca aquella terapia que te resuene, que conecte con tu forma de sentir, de expresar o de pensar, hay un amplio abanico de posibilidades a tu alcance. Pedir ayuda no es de débiles, es de personas responsables.

  2. Respira, medita. Respira con consciencia, prestando atención a como el aire entra en nuestro cuerpo lo recorre y llena de vida cada parte de él. Podemos usar colores para que nuestra visualización sea más consciente: Respiro azul, exhalo rojo…, las respiraciones profundas y controladas no hace conectar con el momento presente y nos ayuda a prestarnos atención, no sólo a nuestro cuerpo sino también a la emoción que estamos experimentando y que puede estar oculta tras un ritmo de vida acelerado.

  3. Identifica el origen de tu conflicto. A veces tienes muy identificado el hecho que lo ha provocado pero otras veces no será así. Pregúntate ¿desde cuándo me siento así?, la auto indagación es muy necesaria en este punto del proceso.

  4. Conecta con lo que te hacía sentir pleno/a, busca en tus recuerdos aquellos momentos en los que te sentías en calma, en paz. ¿Qué estabas haciendo? ¿Dónde estabas? e intenta recrear aquello que hacías y volver a conectar con aquella emoción.

  5. Haz planes a corto y a medio plazo. Tener ilusión por cumplir un sueño, un objetivo, va a colaborarte a encontrarte de nuevo con tu mejor versión. Ponte retos a muy corto plazo, fáciles de conseguir al principio para luego ir subiendo su dificultad. En este punto es muy importante no dejar que tu mente te ponga trampas y planifiques metas imposibles o muy complicadas de conseguir. Practicar una actividad también puede serte de ayuda, dibuja, escribe, baila e incluso practica un deporte, estas actividades te aportan tiempo contigo mismo, te conecta tanto con tu cuerpo como con tus emociones y eso te aportará paz.

Y lo más importante, préstate atención, cuídate… ¡Cree en ti!

¡Feliz vida!